Hubo una época en internet donde media humanidad descubrió que ver a alguien fracasar miserablemente intentando coger un bisturí era entretenimiento de primer nivel. Y ahí apareció Surgeon Simulator, un juego que convirtió un quirófano en una mezcla entre urgencias, un sketch de humor británico y una carnicería gestionada por una persona con los nervios de un flan. Lo mejor es que ni siquiera intentaba disimular. Desde el primer minuto ya entiendes que aquí no has venido a salvar vidas. Has venido a ver cómo un reloj acaba dentro del pecho de Bob mientras tú gritas “¡NO ERA ESO LO QUE QUERÍA COGER!”.









