El Ataque de los Donuts Asesinos (Attack of the Killer Donuts)

El Ataque de los Donuts Asesinos (Attack of the Killer Donuts)

Portada El Ataque de los Donuts Asesinos (Attack of the Killer Donuts)

Año: 2016

Director: Scott D. Wheele

Guión: Nathan Dalton, Chris De Christopher y Rafael Diaz-Wagner

Producción: Nicole M. Saad y Rafael Diaz-Wagner

Reparto:
– Justin Ray como Johnny Wentworth.
– Kayla Compton como Michelle Kester.
– Ben Heyman como Howard.
– Michael Swan como el tío Luther.
– C. Thomas Howell como el oficial Roberts.
– Kassandra Voyagis como Emma Wentworth.
– Alison England como la señora Scolari.
– Lauren Compton como Veronica.
– Christine Nguyen como Martha.
– Burt Rutherford como Brian Kester.
– Aaron Groben como Bobby.
– Fredrick Burns como el oficial Hammerstein.
– Chris De Christopher como Cliff Burbank.
– Sean Smith como Homeless Jack.
– Vince Royale como Tom the Perp.
– Michael Rene Walton como Flanagan.
– Grant O'Connell como Conrad.
– Jack O'Connor como Leo.
– Phillip Fallon como Brandon.
– Michael Gaglio como el señor Richards.
– Jed Rowen como Dee.

País: EEUU

Género: Comedia de terror, ciencia ficción y parodia

Duración: 98 minutos aprox

Nivel de Bizarrismo:
💥💥💥 Bizarro potente

Imagen 1

Sinopsis

Johnny es un joven empleado de Dandy Donuts, una tienda de rosquillas donde las jornadas laborales transcurren entre clientes, compañeros y preocupaciones bastante más terrenales que el fin del mundo. Su tío Luther, un científico tan excéntrico como poco recomendable, trabaja en un experimento para devolver la vida a tejidos muertos mediante una misteriosa fórmula. Un accidente hace que el líquido termine en la freidora del establecimiento y contamine una hornada de donuts.

Las consecuencias no tardan en aparecer: las rosquillas desarrollan dientes, adquieren un apetito voraz y empiezan a atacar a los desprevenidos clientes. Con la amenaza extendiéndose por la localidad de Shady Grove, Johnny tendrá que unir fuerzas con Michelle y Howard para detener la invasión antes de que la situación se vuelva completamente incontrolable.

Porque enfrentarse a un monstruo ya es complicado, pero hacerlo cuando el enemigo viene en una caja de doce y alguien ha pagado un suplemento por la cobertura de chocolate es otro nivel de emergencia.

Análisis

Una idea deliciosa que necesitaba bastante más mala leche

El principal atractivo de El ataque de los Donuts Asesinos está claro desde el propio título: convertir una de las cosas más inofensivas y apetecibles del mundo en una amenaza mortal. Es una premisa que encaja de maravilla con esa tradición del cine fantástico de serie B que encuentra material para una película en cualquier rincón del supermercado. Si los tomates pueden rebelarse contra la humanidad, ¿Por qué no iban a hacerlo unas rosquillas? A fin de cuentas, ambas cosas tienen una ventaja sobre los monstruos convencionales: basta con mirar el cartel para entender que aquí la solemnidad ha salido por la puerta.

Scott D. Wheeler apuesta por una comedia de terror consciente de lo disparatado de su propuesta, con personajes exagerados, situaciones absurdas y unos antagonistas que tienen bastante más azúcar que dignidad. El problema es que una premisa graciosa no equivale automáticamente a una película graciosa. La idea despierta curiosidad, permite imaginar un buen puñado de gags visuales y ofrece posibilidades para jugar con el terror cotidiano, pero el guion no siempre encuentra la manera de sacarles todo el partido. En ocasiones, la película parece confiar en que la propia existencia de unos donuts homicidas hará el trabajo cómico por ella. Y, aunque la imagen tiene su aquel, tampoco podemos pasarnos todo el metraje riéndonos de la lista de ingredientes.

Scott Wheeler y el delicado arte de no tomarse en serio una película

Scott Wheeler conoce bien el terreno de la serie B y el cine fantástico de presupuesto limitado, pero aquí se enfrenta a un desafío bastante particular: hacer que el espectador se divierta con una idea absurda durante todo un largometraje, no solamente durante los primeros cinco minutos. La dirección entiende que no está construyendo una película de terror convencional y se apoya en la exageración, las situaciones grotescas y el aspecto caricaturesco de las criaturas. No hay demasiadas pretensiones artísticas ni una atmósfera de terror que se tome especialmente en serio, algo razonable dadas las intenciones de la propuesta.

El problema está en que la película no siempre distingue entre lo absurdo y lo ingenioso. Una comedia disparatada necesita cierto sentido del ritmo, una sucesión de situaciones que sorprendan y personajes cuyas reacciones alimenten el humor. Aquí hay momentos en los que la propia premisa consigue sostener la escena, pero también otros en los que los diálogos y las situaciones se prolongan sin aportar demasiado. Wheeler tiene una idea visualmente divertida entre manos, aunque la dirección no siempre consigue exprimirla con la imaginación que necesita.

La comparación con El Ataque de los Tomates Asesinos resulta inevitable por la naturaleza de ambas propuestas, aunque conviene no confundir parentesco conceptual con equivalencia cinematográfica. El humor basado en objetos cotidianos convertidos en monstruos funciona mejor cuando la película encuentra una identidad cómica propia y no depende únicamente de la sorpresa inicial. En ese sentido, El Ataque de los Donuts Asesinos tiene una buena puerta de entrada, pero le cuesta mantener el mismo nivel de inventiva una vez que el espectador se ha acostumbrado a ver rosquillas con instintos homicidas.

Un reparto atrapado en una comedia de dibujos animados

El núcleo protagonista está formado por Justin Ray como Johnny, Kayla Compton como Michelle y Ben Heyman como Howard. Son personajes construidos a partir de arquetipos reconocibles de la comedia juvenil: el muchacho que debe espabilar, la compañera con la que existe una tensión romántica y el amigo que completa el grupo. No hay demasiado espacio para una evolución psicológica compleja, porque la película está más interesada en ponerlos en situaciones ridículas que en explorar sus personalidades.

Kayla Compton destaca por aportar cierta naturalidad a Michelle, un personaje que necesita servir de contrapunto a las decisiones y reacciones más tontorronas de su entorno. Justin Ray cumple como protagonista de una aventura que exige más energía que profundidad, mientras que Ben Heyman encaja en el registro ligero de la película. Ninguno de ellos dispone de un material especialmente brillante, y eso importa: cuando una comedia depende tanto de las reacciones de sus personajes, unos diálogos poco inspirados pueden dejar a los actores sin demasiadas herramientas.

La presencia de C. Thomas Howell como el oficial Roberts aporta un rostro familiar para quienes recuerdan su trayectoria desde Rebeldes (The Outsiders, 1983). Su personaje forma parte de la vertiente más caricaturesca del relato, con policías cuya incompetencia contribuye al tono de farsa. El actor parece cómodo dentro de ese registro exagerado, aunque su presencia no basta para compensar los momentos en los que el humor se queda sin combustible.

El resto del reparto se mueve entre personajes estereotipados, comportamientos deliberadamente exagerados y figuras secundarias cuya función consiste, sobre todo, en alimentar el desfile de situaciones grotescas. Ese enfoque podría haber funcionado perfectamente si la película hubiese desarrollado una sátira más afilada de los clichés del terror juvenil. Sin embargo, en ocasiones se limita a presentarlos y esperar que su propia exageración provoque la carcajada.

Y aquí conviene hacer una distinción importante: interpretar a un personaje ridículo no es lo mismo que conseguir que el personaje resulte cómico. La película parece confiar demasiado en que el espectador complete por su cuenta el trabajo que deberían hacer el guion y las interpretaciones.

Donuts con colmillos: el apartado visual

Si hay un elemento que puede despertar una sonrisa incluso cuando la comedia no termina de funcionar, es el concepto visual de las criaturas. Los donuts asesinos tienen algo intrínsecamente ridículo: conservan la apariencia de un dulce reconocible, pero sus bocas dentadas transforman esa familiaridad en una imagen grotesca. La película juega con el contraste entre su aspecto casi adorable y la violencia de sus ataques, una combinación que encaja bien con el terror cómico.

Las criaturas funcionan mejor como espectáculo visual que como auténticos monstruos de terror. Sus movimientos y sus ataques tienen una dimensión caricaturesca que permite disfrutar de la idea sin exigirle un realismo que no necesita. El problema aparece cuando el efecto visual deja de ser una sorpresa y pasa a convertirse en el centro de escenas que no tienen demasiado más que ofrecer.

Tampoco conviene exigirle a esta producción la sofisticación técnica de una superproducción, pero sí valorar si sus recursos están bien aprovechados. Hay momentos en los que la apariencia de los donuts consigue transmitir esa mezcla de repulsión y diversión que busca la película; en otros, la ejecución resulta demasiado artificial y recuerda constantemente las limitaciones del artificio. El gore también se mantiene dentro de un registro exagerado, más cercano a la caricatura que al terror físico capaz de incomodar de verdad.

La película habría ganado mucho si hubiese explotado más las posibilidades visuales de su premisa, inventando ataques y situaciones progresivamente más creativos. Porque una cosa es ver un donut que intenta morder a alguien y otra muy distinta es encontrar nuevas maneras de convertir una rosquilla en una amenaza cinematográfica. El concepto tiene más recorrido del que el largometraje consigue aprovechar.

Humor escatológico, clichés y una comedia que no siempre cuaja

El humor de El Ataque de los Donuts Asesinos combina la parodia del cine de monstruos con bromas escatológicas, personajes exagerados y situaciones que buscan la risa a través del mal gusto. Algunas ideas tienen una lógica perfectamente coherente con el disparate general, pero la ejecución resulta irregular. Hay escenas en las que la estupidez deliberada puede funcionar como parte del entretenimiento y otras en las que simplemente se nota la falta de una ocurrencia mejor.

Uno de los principales problemas es que la película confunde en ocasiones la acumulación de situaciones ridículas con una progresión cómica. Los personajes pueden comportarse de manera absurda, las víctimas pueden resultar grotescas y los ataques pueden rozar el dibujo animado, pero todo eso necesita una construcción que permita que cada nueva situación supere o transforme la anterior. Cuando la película se limita a encadenar episodios independientes, el conjunto pierde fuerza.

También pesa la dependencia de estereotipos bastante manidos. La comedia de terror puede utilizar personajes planos como herramienta de sátira, pero para que esa decisión funcione tiene que haber una intención reconocible detrás. Si los estereotipos no se retuercen, no se cuestionan ni aportan un giro especialmente ingenioso, corren el riesgo de quedarse en recursos perezosos. La película no siempre consigue convertirlos en algo más que figuras preparadas para entrar en escena y alimentar el siguiente gag.

Esto explica por qué las reacciones ante la cinta son tan diferentes. Hay reseñas que encuentran en ella una comedia de terror ligera y entretenida, mientras que otras consideran que sus bromas resultan repetitivas y poco imaginativas. La crítica publicada por Los Angeles Times, por ejemplo, fue especialmente negativa con la falta de inventiva y la sucesión de escenas cómicas fallidas.

Y lo cierto es que ambas lecturas pueden entenderse sin necesidad de declarar que una película así es un desastre absoluto o una joya incomprendida. El espectador que disfrute del cine de sobremesa, los monstruos ridículos y el humor grueso puede encontrar momentos de diversión; quien espere una comedia bien construida probablemente se encontrará con demasiados tiempos muertos.

El ritmo: cuando la broma se queda sin azúcar

La película tiene un problema de ritmo bastante relacionado con su estructura. La premisa es tan inmediata que el largometraje necesita encontrar rápidamente nuevas formas de mantener el interés. Sin embargo, parte del metraje se dedica a desarrollar las relaciones personales, los conflictos sentimentales y las rutinas de unos personajes que no siempre tienen suficiente carisma para sostener esas escenas por sí solos.

El resultado es una alternancia irregular entre la amenaza de las criaturas y las tramas humanas. La película parece más viva cuando recupera su elemento fantástico y aprovecha el absurdo de los ataques, pero pierde energía cuando se detiene en situaciones románticas o diálogos que podrían pertenecer a cualquier comedia juvenil de bajo presupuesto. El contraste no sería un problema si esas subtramas aportaran algo especialmente divertido o interesante, pero no siempre es el caso.

El metraje habría agradecido una selección más estricta de escenas y una mayor concentración en aquello que hace diferente a la película. No se trata de eliminar todo desarrollo de personajes, sino de conseguir que las relaciones humanas contribuyan al tono general en lugar de frenar el avance de la comedia. Una película sobre donuts homicidas tiene derecho a sorprendernos con cualquier disparate imaginable; lo que no tiene tan fácil es justificar que pasemos demasiado tiempo esperando a que vuelva a ocurrir algo interesante.

Aun así, el planteamiento mantiene suficiente curiosidad como para que algunos espectadores quieran descubrir hasta dónde llega la invasión. La cuestión es que la película podría haber aprovechado mucho mejor esa curiosidad inicial si hubiese apostado por un humor más inventivo y una narración menos dispersa.

¿Basura gloriosa o simplemente una película bastante floja?

Aquí es donde conviene aplicar el criterio que defendemos en QUÉ BIZARRO. No toda película de serie B necesita ser técnicamente impecable ni contar con un guion extraordinario para proporcionar entretenimiento. Hay producciones que convierten sus limitaciones en parte de su identidad, otras que encuentran una creatividad inesperada en sus pocos recursos y algunas que se disfrutan precisamente por su desvergüenza. Pero el presupuesto reducido y una premisa absurda no son excusas automáticas para cualquier defecto.

El Ataque de los Donuts Asesinos tiene una idea con gancho, unas criaturas que pueden resultar divertidas y suficientes momentos extravagantes para justificar su presencia en el catálogo del cine bizarro. También tiene una personalidad reconocible dentro de la comedia de terror más disparatada, sin necesidad de fingir que está ofreciendo un relato serio de supervivencia. Su problema es que la película no desarrolla todo el potencial de su propio concepto: la comedia se atasca, los personajes están construidos a base de clichés y algunas escenas parecen confiar más en lo ridículo de la situación que en la calidad del chiste.

Por eso no la colocaría entre esas joyas ocultas que sorprenden por su ingenio, ni entre las grandes comedias involuntariamente desastrosas que terminan siendo mucho más divertidas de lo que pretendían sus creadores. Su propuesta es demasiado consciente de su propia ridiculez para entrar cómodamente en la segunda categoría, pero tampoco tiene la inventiva necesaria para destacar de forma constante en la primera.

Lo interesante es que la película sirve para recordar algo fundamental sobre el cine bizarro: una premisa disparatada puede abrir la puerta, pero son la imaginación y la ejecución las que deciden si merece la pena quedarse dentro. En este caso, la puerta tiene forma de rosquilla y está cubierta de chocolate, pero detrás no siempre encontramos el festín que prometía.

Curiosidades

• Un especialista en explosiones con experiencia en Hollywood participó en la película. Donn Markel, encargado de la segunda unidad y de atrezo especializado, construyó una maqueta de la tienda Dandy Donuts de aproximadamente 2,4 metros por lado para volarla mediante efectos pirotécnicos. Markel había trabajado anteriormente en las explosiones de la Casa Blanca de Independence Day (1996). No todos los días se pasa de destruir uno de los edificios más famosos del mundo a demoler una pastelería ficticia.
tbuff.org

• Los donuts se crearon combinando técnicas diferentes. La producción utilizó rosquillas reales, marionetas y efectos generados por ordenador. Según la información publicada por el festival TBUFF en 2016, la película contó con aproximadamente 200 planos de efectos especiales. Esa combinación de recursos artesanales y digitales es parte fundamental de una propuesta que necesita convertir un objeto cotidiano en una criatura capaz de resultar amenazadora.
tbuff.org

• La banda sonora contiene un guiño musical a los tomates asesinos. La película incluye el tema Attack of the Killer Donuts, escrito por Nik Olas y Joel Someillan e interpretado por Sunghosts. La referencia conecta la cinta con la tradición de las comedias de terror que convierten alimentos cotidianos en amenazas monstruosas, popularizada por El ataque de los tomates asesinos.

• La película tuvo reconocimientos en festivales independientes. La ficha de Attack of the Killer Donuts publicada por TBUFF recoge premios a mejor película en Florida Supercon y en el Melbourne Independent Filmmaker’s Festival. Es un dato que conviene contextualizar: estos reconocimientos acreditan su recorrido en festivales, pero no significan necesariamente que la película obtuviera un reconocimiento amplio entre la crítica cinematográfica.

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Dónde verla

Actualmente se encuentra disponible en plataformas como Netflix, Amazon Prime Video o JustWatch entre otras

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Trailer

Conclusión

El Ataque de los Donuts Asesinos tiene una premisa irresistible para los amantes de la serie B, pero le falta imaginación para convertirla en una comedia realmente memorable. Hay momentos divertidos y suficiente bizarrismo para despertar la curiosidad, aunque el conjunto termina siendo más flojo que glorioso. Una película para echarse unas risas con amigos, siempre que no esperes que el azúcar venga acompañado de demasiado ingenio.

Escrito por:

Javi Sardi

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