El cine de los 90 tenía una habilidad especial para coger cualquier cosa que normalmente aplastarías con una zapatilla… y convertirla en una amenaza capaz de destripar campistas a mordiscos. Ticks no pregunta si la idea es ridícula ¡Claro que lo es!. Precisamente por eso funciona tan bien: garrapatas del tamaño de un perro, adolescentes hormonados en medio del bosque y litros de viscosidad artesanal salpicando la pantalla como si el videoclub entero hubiese sufrido una infección parasitaria.
Por si esto fuera poco, tenemos a un jovencísimo Seth Green sobreviviendo al caos muchos años antes de repartir sarcasmo en Buffy the Vampire Slayer (Buffy Cazavampiros en España) o perseguir espías en Austin Powers. Y si eso no te bastaba, también aparece Alfonso Ribeiro, demostrando que incluso Carlton Banks podría acabar cubierto de sangre y parásitos si se alejaba demasiado de Bel-Air.
Ticks (Garrapatas)
Año: 1993
Director: Tony Randel
Guión: Brent V. Friedman
Producción: Brian Yuzna, Jack F. Murphy
Reparto:
– Seth Green como Tyler Burns
– Peter Scolari como Charles Danson
– Rosalind Allen como Holly Lambert
– Ami Dolenz como Dee Dee Davenport
– Alfonso Ribeiro — Panic
– Clint Howard como Jarvis Tanner
– Virginya Keehne como Melissa Danson
– Ray Oriel como Rome Hernández
– Barry Lynch como Sir
– Michael Medeiros como Jerry
– Rance Howard como Veterinario
– Timothy Landfield como Kelly Mishimoto
País: EEUU
Género: Terror / Ciencia ficción / Creature Feature / Serie B mutante
Duración: 85 minutos
Nivel de Bizarrismo: 💥💥💥💥 Caos absoluto
Sinopsis
Un grupo de adolescentes conflictivos viaja al bosque para participar en una especie de terapia campestre organizada por dos adultos con más optimismo que neuronas. El problema llega cuando descubren que la zona está infestada por garrapatas gigantes mutadas debido a unos esteroides usados en una plantación ilegal de marihuana. Lo que empieza como una excursión ecológica termina derivando en cuerpos reventando, bichos saliendo de la carne y una batalla campal donde la higiene corporal deja de ser una prioridad.
Análisis
Cuando el bosque parece una nevera llena de yogures caducados
Hay películas que intentan darte miedo con traumas psicológicos, metáforas sobre la condición humana o demonios interiores. Ticks prefiere otra estrategia mucho más noble: lanzarte una garrapata del tamaño de un gato directamente a la cara y esperar a que el asco haga el resto. Y oye, funciona sorprendentemente bien.
La gracia de esta locura noventera está en que nunca intenta parecer más inteligente de lo que realmente es. Sabe perfectamente el tipo de película que quiere ser: un festival de criaturas viscosas, adolescentes gritones y efectos prácticos hechos con toneladas de látex, baba industrial y seguramente café barato consumido a las tres de la mañana por el equipo de maquillaje.
Todo arranca con una premisa que parece escrita por alguien jugando al bingo del videoclub: chavales problemáticos en terapia campestre, traficantes cultivando marihuana hormonada y parásitos mutantes creciendo como si hubieran hecho crossfit químico durante semanas. El resultado es exactamente lo que prometía el VHS. Y eso, en este tipo de cine, es media victoria.
Serie B orgullosa de ser Serie B
Lo bonito de Ticks es que jamás se avergüenza de su ADN mugriento. Aquí no hay ironía moderna ni postureo autoconsciente. Esto pertenece a esa gloriosa época donde las películas de monstruos simplemente existían porque alguien en una oficina dijo: “¿Y si unas garrapatas gigantes revientan gente?”. Y automáticamente otra persona respondió: “¡Toma mi dinero!”.
La estructura es la clásica del subgénero: grupo de jóvenes entrando en territorio equivocado mientras el espectador espera pacientemente quién será el siguiente desgraciado en acabar lleno de bichos bajo la piel. Pero la película consigue algo importante: mantener una energía tremendamente divertida durante todo el metraje.
Los personajes están construidos con brocha gorda, sí, pero eso forma parte del encanto. El rebelde, la chica rica, el monitor buenrollista, el macarra rural con pinta de haber dormido dentro de una gasolinera… todos parecen salidos de una mezcla imposible entre campaña antidroga noventera y pesadilla de camping organizada por la MTV.
Y en medio de todo aparece un jovencísimo Seth Green intentando sobrevivir al caos muchos años antes de convertirse en especialista oficial del sarcasmo pop. Verle aquí tiene algo precioso: parece un protagonista atrapado entre una película de terror y un anuncio extremo de repelente antimosquitos.
Gore artesanal y amor por lo viscoso
Si algo convierte a Ticks en pequeña joya de culto es su apartado técnico. Porque las criaturas están hechas con ese cariño enfermizo del cine artesanal donde cada monstruo parece haber sido fabricado manualmente en un garaje lleno de humo y pegamento tóxico.
Las garrapatas se mueven raro, corren como croquetas infernales con patas y a veces tienen expresiones que parecen sacadas de un mal viaje febril. Y precisamente por eso funcionan. El cine de monstruos siempre gana cuando los bichos tienen textura física, cuando notas que ocupan espacio y pueden pringarlo todo de líquidos sospechosos.
Aquí hay cuerpos explotando, parásitos saliendo de heridas, pieles inflamadas y uno de esos maquillajes grotescos tan deliciosamente exagerados que solo podían existir antes de que el CGI barato arrasara media industria. Doug Beswick y el equipo de efectos entendían perfectamente algo esencial: el espectador debe sentir asco… pero también ganas de aplaudir la barbaridad.
La película además tiene ese tono ligeramente gamberro que recuerda por momentos al espíritu desmadrado de Evil Dead II. No llega al slapstick salvaje de Sam Raimi, pero sí comparte esa sensación de parque de atracciones sangriento donde el horror y la carcajada conviven felizmente.
El bosque mutante como parque temático del exceso noventero
Hay algo profundamente noventero en esta película. No solo por la ropa, los peinados o la fotografía, sino por esa manera tan maravillosa de convertir cualquier problema social en mutación monstruosa.
La solución del cine exploitation siempre era la misma: añadir bichos enormes hasta que todo explotase.
La película incluso tiene ese aroma de videoclub de barrio que hoy resulta casi imposible de replicar. Ese tipo de producción que alquilabas por accidente pensando “bah, esto será una mierda” y acababa regalándote una noche gloriosa de criaturas deformes y actuaciones pasadísimas de vueltas.
Y hablando de eso, ver a Alfonso Ribeiro aquí sigue siendo una experiencia surrealista. Cuesta no imaginar a Carlton Banks huyendo de parásitos asesinos mientras en tu cabeza suena accidentalmente “It’s Not Unusual”. El cerebro hace conexiones extrañas y esta película ayuda bastante poco a mantener la cordura.
Un clásico mugriento de los videoclubs perdidos
Puede que Ticks no reinventara el género. Ni falta que le hacía. Su misión era mucho más sencilla y honesta: darle al espectador 85 minutos de monstruos mutantes, efectos prácticos y diversión cafre sin pedir disculpas por ello.
Y tres décadas después sigue funcionando precisamente porque conserva algo que muchas producciones actuales han perdido: suciedad, personalidad y amor genuino por el espectáculo grotesco. No intenta ser elevada, trascendental ni sofisticada. Solo quiere enseñarte una garrapata gigante explotando cerca de un adolescente aterrorizado.
Curiosidades
– La idea original nació del especialista en efectos Doug Beswick tras encontrar una garrapata pegada a su espalda cuando era joven. Su cerebro dijo automáticamente: “¿Y si esto midiera medio metro?”. Bendita gente perturbada.
– Los efectos especiales prácticos son uno de los grandes tesoros de la película. Aquí no hay CGI cutre de videojuego roto: hay animatrónica, stop-motion y litros de baba artesanal.
– Brian Yuzna, responsable de joyas enfermitas como Society, estuvo metido en la producción. Y eso explica muchas cosas.
– El diseño de las garrapatas mezcla asco biológico con cara de “croqueta demoníaca con patas”. Repugnantes, pero con cariño.
– La película se convirtió en un clásico oculto del videoclub noventero gracias al boca a boca entre fans del gore y del terror de bichos mutantes.
– Clint Howard aparece en la película, lo cual automáticamente multiplica el aura de rareza de cualquier producción en un 35%.
Dónde verla
En Amazon Prime, JustWatch y de alquiler en Google Play Movies. Gratis con anuncios: The Roku Channel, Fandango at Home Free, Pluto TV, Fawesome. Y en Youtube está completa
Ticks no inventa absolutamente nada… pero le da igual. Va directa a lo importante: monstruos viscosos, gore artesanal, actores sobreactuando con orgullo y esa energía de videoclub mugriento que hoy ya casi es arqueología del terror. Un festival de bichos mutantes tan absurdo como entrañable.
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