El desierto de Gobi lleva siglos alimentando historias sobre una criatura tan misteriosa como letal: Un enorme gusano rojizo capaz de matar con veneno, descargas eléctricas e incluso ácido. Una de esas leyendas que han fascinado a exploradores, criptozoólogos y amantes de los monstruos durante generaciones. Lo que probablemente nadie esperaba era que SyFy decidiera convertir ese mito en uno de sus inconfundibles telefilmes de serie B.
Mongolian Death Worm, conocida en España como Larvas Asesinas, reúne todos los ingredientes de aquella época dorada del canal: criaturas gigantes creadas por CGI, corporaciones sin escrúpulos, héroes improvisados, tesoros perdidos, disparos, explosiones y un presupuesto que hace auténticos malabares para sacar adelante el espectáculo. No pretende reinventar el cine de monstruos ni convertirse en una obra de culto, pero sí ofrece esa clase de entretenimiento desenfadado que tantos aficionados al fantástico de videoclub siguen disfrutando sin complejos.
Eso sí, quien espere una adaptación fiel de la inquietante leyenda mongola probablemente descubrirá muy pronto que aquí manda más el espíritu de la serie B americana que el folclore asiático. Y, dependiendo de las expectativas con las que uno se siente delante de la pantalla, eso puede ser tanto un problema como parte de su peculiar encanto.
Mongolian Death Worm (Larvas Asesinas)
Año: 2010
Director: Steven R. Monroe
Guión: Neil Elman, Kevin Leeson y Steven R. Monroe
Producción: Syfy / CineTel Films
Reparto:
– Sean Patrick Flanery como Daniel
– Victoria Pratt como Dra. Alicia
– George Cheung como Timur
– Drew Waters como Patrick
– Matthew Tompkins como Mr. Bixler
– Nate Rubin como Phillip
– Jon Mack como Steffi
– Cheryl Chin como Thuan
– Tiger Sheu como Bana
– Ryan Manalansan como Tali
– Andrew Stevens como Jackson
País: EEUU
Género: Ciencia ficción, terror, acción, aventuras, monstruos gigantes (Creature Feature), serie B
Duración: 90 minutos
Nivel de Bizarrismo: 💥💥 Raro, pero no demasiado
Sinopsis
Una compañía petrolera estadounidense instala una plataforma de extracción en pleno desierto de Gobi sin imaginar que sus perforaciones despertarán a unas criaturas que deberían haber permanecido enterradas para siempre. Mientras los ataques comienzan a sembrar el caos entre los trabajadores y las aldeas cercanas, Daniel, un buscatesoros obsesionado con encontrar la tumba perdida de Gengis Kan, acepta acompañar a una doctora y a su equipo hasta una población aislada donde una extraña enfermedad amenaza a sus habitantes.
Lo que comienza como una sencilla misión humanitaria termina convirtiéndose en una carrera por sobrevivir a unos depredadores subterráneos que parecen proteger un antiguo secreto escondido bajo las arenas de Mongolia.
Análisis
Cuando una buena idea acaba enterrada bajo la arena
Hay películas que parten con una ventaja enorme antes incluso de que empiece el primer plano. Mongolian Death Worm (Larvas Asesinas) tenía una criatura que no se había usado tanto como hemos visto con otros seres, un escenario exótico y una premisa perfecta para construir una aventura de monstruos con personalidad. El problema es que nunca parece interesada en explotar ninguno de esos elementos.
Desde muy pronto queda claro que estamos ante una producción hecha siguiendo una receta. Cada giro resulta previsible, los personajes toman decisiones porque el guion las necesita y la historia avanza sin demasiada emoción. No hay misterio, apenas hay tensión y la sensación de descubrimiento desaparece demasiado pronto.
Lo curioso es que ni siquiera llega a ser una de esas películas tan malas que terminan siendo divertidas. Se mueve en un terreno mucho más complicado: el de la mediocridad. Y eso, dentro del cine de serie B, suele ser un pecado mayor que un monstruo hecho con efectos digitales cuestionables.
Un guion que dispara en demasiadas direcciones
La película quiere ser muchas cosas al mismo tiempo. Cine de aventuras, película de monstruos, acción, búsqueda de tesoros, corrupción empresarial, supervivencia… Sobre el papel no suena mal. De hecho, el cine fantástico ha demostrado muchas veces que mezclar ingredientes imposibles puede dar resultados magníficos. Pero, por lo que sea, aquí se esfuerzan para que ocurra justo lo contrario.
Las distintas tramas aparecen, desaparecen y vuelven cuando conviene, sin terminar de construir una historia sólida. Hay escenas que parecen introducir conflictos importantes para olvidarlos pocos minutos después, mientras que otras alargan situaciones que apenas aportan nada. El resultado es una narración irregular que nunca termina de encontrar un rumbo claro.
Lo peor es que, conforme pasan los minutos, uno deja de preguntarse qué va a ocurrir y empieza simplemente a esperar y rogar que pase algo realmente interesante.
Un reparto con un único salvavidas
Sean Patrick Flanery sostiene la película mejor de lo que cabría esperar. Tiene oficio, presencia y consigue que su personaje resulte agradable incluso cuando el material con el que trabaja es bastante limitado.
No puede decirse lo mismo del resto. La mayoría de personajes apenas tienen desarrollo y funcionan como piezas intercambiables dentro de la historia. Los villanos carecen de verdadero peso, los secundarios entran y salen sin dejar huella y cuesta encontrar relaciones que parezcan mínimamente creíbles.
No es un problema de interpretación tanto como de escritura. Da la impresión de que los actores hacen lo que pueden con unos personajes que nunca llegan a sentirse completos.
Ni siquiera el monstruo consigue robarse la película
Y aquí aparece probablemente la mayor decepción.
Cuando una película lleva el nombre de su criatura en el título, lo lógico es esperar que todo gire alrededor de ella. Sin embargo, los gusanos aparecen bastante menos de lo que cabría imaginar y, cuando lo hacen, casi nunca consiguen transmitir peligro realmente.
Los ataques repiten una estructura muy similar durante todo el metraje y terminan perdiendo impacto. Además, muchas escenas están resueltas con tan poca tensión que la reacción natural acaba siendo la indiferencia más que el suspense.
Los efectos especiales tampoco ayudan. En algunos momentos cumplen sin más; en otros resultan demasiado artificiales incluso para los estándares de los telefilmes de SyFy de aquella época. No llegan a arruinar la película porque el conjunto ya tenía problemas mucho antes de que aparecieran, pero tampoco aportan ese factor espectáculo que debería compensar otras carencias.
Quizá lo más frustrante sea pensar que el monstruo acaba pareciendo un invitado secundario dentro de su propia película. Cuesta recordar alguna escena realmente potente protagonizada por él cuando terminan los créditos.
Otra producción que pasó sin dejar demasiada huella
Durante finales de los 2000 y principios de los 2010, SyFy produjo decenas de creature features con presupuestos ajustados. Algunas se ganaron un pequeño grupo de seguidores gracias a su descaro, otras abrazaban tan bien su propia locura que resultaban irresistibles para los aficionados al cine basura.
Mongolian Death Worm nunca encuentra esa personalidad.
No es especialmente cafre, no es especialmente divertida y tampoco ofrece un espectáculo memorable. Simplemente cumple el trámite y sigue adelante. Se ve, se termina… y cuesta recordar algo de ella pocos días después.
Eso quizá sea lo que mejor define a la película: no que sea una de las peores producciones de monstruos gigantes, sino una de las más olvidables.
Curiosidades
Está inspirada en una auténtica leyenda mongola. El Olgoi-Khorkhoi, conocido como el Gusano de la Muerte de Mongolia, forma parte del folclore del desierto de Gobi desde hace siglos. La tradición le atribuye un aspecto rojizo y la capacidad de matar mediante veneno, ácido o descargas eléctricas, aunque jamás se ha encontrado ninguna prueba de su existencia.
Aunque transcurre en Mongolia… apenas se parece a Mongolia. El rodaje tuvo lugar principalmente en Texas, algo que muchos espectadores detectaron enseguida por la vegetación, los paisajes e incluso algunos detalles del atrezzo y los vehículos que delatan claramente el lugar de filmación.
Sean Patrick Flanery fue uno de los mayores atractivos del reparto. El actor, conocido por The Boondock Saints y por interpretar al joven Indiana Jones en televisión, aporta bastante más carisma que el habitual protagonista de los telefilmes de SyFy y sostiene buena parte de la película.
La sombra de Temblores es imposible de ignorar. Numerosos críticos y aficionados señalaron las evidentes similitudes con la saga protagonizada por los Graboids. La diferencia es que aquí los gusanos están inspirados en una leyenda real, aunque el desarrollo termina acercándose mucho al modelo popularizado por la película de 1990.
Los efectos especiales dividieron incluso a los fans del cine basura. Mientras buena parte de la crítica los calificó de pobres y excesivamente artificiales, algunos seguidores habituales de las producciones de SyFy consideraron que, teniendo en cuenta el presupuesto, cumplían razonablemente su función y ofrecían un entretenimiento digno dentro del género.
La película mezcla varias aventuras en una sola historia. Más allá del ataque de los gusanos gigantes, el guion incorpora una búsqueda del tesoro de Gengis Kan, una trama de corrupción empresarial, mercenarios, tráfico ilegal y una misión médica en mitad del desierto, una combinación tan excesiva como característica del cine fantástico televisivo de aquellos años.
Dónde verla
De forma totalmente gratuita en YouTube. Además, está disponible para alquilar o comprar en plataformas digitales como Apple TV y Google Play.
Con un título así uno espera salir con ganas de recomendarla. Lo que deja Mongolian Death Worm es justo lo contrario: la sensación de que una idea prometedora acabó convertida en otro telefilme de monstruos que pasó sin pena ni gloria por el catálogo de SyFy.
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