El Velocipastor

El Velocipastor

Portada El Velocipastor

Director: Brendan Steere

Guión: Brendan Steere

Producción: Brandon Taylor, Gregory James Cohan, Jesse Gouldsbury y Brendan Steere

Reparto:
– Gregory James Cohan como Doug Jones
– Alyssa Kempinski como Carol
– Daniel Steere como Padre Stewart
– Aurelio Voltaire como Altair
– Yang Jiechang como Wei Chan
– Jesse Turits como Sam, el Ninja Blanco
– Fernando Pacheco de Castro como Frankie Sirena
– David Sokol como War Buddy Ali
– Kathleen Steere como Adeline
– Claire Hsu como aldeana china
– Nicholas M. Garofolo como vagabundo
– George Schewnzer como el padre de Doug
– Zachary Steere como el velociraptor
– Erik Oh como Choi-Min
– Douglas Saint James como cirujano
– Alec Lambert como matón 1
– Ethan Ward como matón 2
– Janice Young como la madre de Doug
– Pat Hroncich como soldado de Vietnam 1
– Dan Rhoades como soldado de Vietnam 2
– Kurt Voltmann como Goliat

País: EEUU

Género: Comedia / terror / acción / serie B / exploitation

Duración: 71 minutos

Nivel de Bizarrismo:
💥​​💥💥​💥 ​Caos absoluto

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Sinopsis

La vida del sacerdote Doug Jones salta por los aires después de una tragedia familiar tan repentina como absurda. Buscando respuestas espirituales, emprende un viaje a China donde entra en contacto con un misterioso artefacto que altera su destino para siempre.

Poco después descubre que posee una habilidad bastante complicada de explicar durante una confesión: cuando pierde el control se transforma en un velociraptor sediento de sangre.

Con la ayuda de Carol, una prostituta tan peligrosa como carismática, Doug decide utilizar sus nuevas capacidades para combatir el crimen. Sin embargo, entre proxenetas, ninjas asesinos, conspiraciones religiosas y traficantes de droga con delirios de grandeza, la misión pronto se convierte en algo mucho más extraño de lo que cualquiera podría haber imaginado.

Como si un cómic de gasolinera, una película de artes marciales olvidada y una sesión de cine basura de madrugada hubieran acabado atrapados en la misma licuadora.

Análisis

Un autocorrector, un dinosaurio y el nacimiento de una religión cinematográfica accidental

The VelociPastor empieza donde muchas películas ni se atreverían a bromear: en un error de escritura. Un autocorrector convierte “velociraptor” en “veloci-pastor” y en lugar de morir como anécdota de móvil, eso se transforma en una premisa completa. Aquí ya está todo el ADN de la película: la idea de que el cine puede nacer de un fallo y no pedir disculpas por ello.

Brendan Steere no intenta justificar la locura, la acepta como motor. Y eso cambia el tono desde el primer minuto: no estamos viendo una historia que se vuelve absurda, sino una que nunca ha tenido intención de ser normal. Esa honestidad (aunque sea disfrazada de broma) es lo que hace que funcione mejor de lo esperado.


China, ninjas y moralidad explosiva: el viaje como excusa para el caos

El viaje del protagonista a China no es una evolución narrativa, es un billete de ida hacia la escalada absurda. Todo ocurre como si el guion fuera acumulando ideas de explotación sin preocuparse por la transición entre ellas. Ninjas, artefactos místicos, crimen organizado, religión, traumas personales… todo convive sin jerarquía.

Doug Jones, el sacerdote protagonista, es casi una figura simbólica más que un personaje psicológico. No se construye desde la complejidad, sino desde el contraste: servidor de Dios por un lado, máquina de destrucción jurásica por otro. Y la película no intenta reconciliar esas dos mitades, simplemente las usa como interruptor narrativo.

Cuando Doug duda, hay espiritualidad. Cuando se enfada, hay carnicería. Y entre ambos estados, la película avanza como si fuera lo más lógico del mundo.


El cine de bajo presupuesto como estética consciente, no como límite

Uno de los grandes aciertos de The VelociPastor es que no disfraza su falta de recursos: la convierte en identidad. Aquí no hay intento de parecer “más grande” de lo que es. El dinosaurio es evidente, los efectos son evidentes, las soluciones técnicas son evidentes… y precisamente por eso funcionan dentro de su propio universo.

No estamos ante una película que fracasa técnicamente, sino ante una que decide que la técnica no es el centro. El resultado es una especie de estética del “videoclub sin complejos”, donde el valor está en la energía del montaje, el ritmo y la idea antes que en la ilusión visual.

Incluso cuando algo parece torpe, la película lo incorpora como parte del espectáculo. No corrige, no pide perdón, no se esconde.


Humor sin guiño: cuando lo serio se vuelve ridículo por accidente

El humor de VelociPastor es especialmente interesante porque no depende del chiste consciente. No hay una película que te diga “ríete aquí”. Lo que hay es un universo donde todo se interpreta con seriedad absoluta, y es esa seriedad la que genera el absurdo.

Gregory James Cohan interpreta a Doug con una convicción casi desarmante. No hay ironía en su actuación, lo que provoca que escenas de transformación, combate o reflexión moral tengan un contraste extraño con lo que realmente están mostrando.

Ese choque entre tono y contenido es lo que genera la comedia. No es una película que intenta ser graciosa, es una película que cree que lo que está pasando es épico… y por eso mismo se vuelve hilarante.


Ninjas cristianos, cocaína y lógica en estado de fuga

Si hay un punto donde la película ya deja de preocuparse por cualquier tipo de contención, es en su tramo central y final. Ninjas cristianos traficantes de drogas, conspiraciones religiosas delirantes, venganzas familiares, traiciones y poderes que aparecen cuando la trama los necesita… todo entra en escena sin pedir permiso.

Pero lo interesante es que no hay sensación de caos desordenado, sino de caos con dirección emocional. Todo empuja a Doug hacia una idea simple: la violencia como respuesta a la injusticia. Y aunque el envoltorio sea delirante, el motor narrativo es sorprendentemente claro.

En ese sentido, la película se mueve entre lo absurdo y lo funcional sin pedir permiso a ninguno de los dos mundos.


El culto inmediato: cuando el “so-bad-it’s-good” se vuelve estrategia involuntaria

The VelociPastor no necesita convertirse en película de culto… ya nace como tal. Su recorrido está prácticamente escrito: sesiones de amigos, reacciones en redes, clips virales, y esa sensación de “¿cómo existe esto?” que la mantiene viva mucho más allá de su estreno.

Pero lo más curioso es que no parece fabricada para eso. No es una película que busque el meme, sino una que confía en su propia rareza. Y eso la diferencia de muchos productos similares que intentan forzar el mismo efecto.

Aquí el culto no es estrategia, es consecuencia.

Curiosidades

• La idea nació por culpa del autocorrector del móvil de Brendan Steere, que cambió la palabra Velociraptor por VelociPastor. En lugar de corregir el error, decidió convertirlo en una película.

• Antes del largometraje existió un falso tráiler creado como proyecto estudiantil en la Escuela de Artes Visuales de Manhattan. El vídeo se volvió viral y terminó generando suficiente interés como para intentar producir una película completa.

• El presupuesto rondó los 36.000 dólares, una cantidad ridícula incluso para los estándares más humildes del cine independiente.

• La famosa escena de la explosión donde aparece el texto «VFX: Car on Fire» no fue un accidente ni una limitación de última hora. Fue una decisión humorística completamente deliberada que resume a la perfección el espíritu de la película.

Brendan Steere no solo escribió y dirigió la película. También participó en el montaje, supervisó buena parte de la producción y prácticamente ejerció como hombre orquesta durante todo el proyecto.

• Para imitar el aspecto envejecido de las películas grindhouse de los años 70, algunas secuencias fueron manipuladas físicamente para añadir desgaste visual, arañazos y suciedad de forma artesanal.

Aurelio Voltaire, que interpreta a Altair, es una figura muy conocida dentro de la escena gótica y dark cabaret estadounidense, donde lleva décadas cultivando una sólida legión de seguidores.

• Buena parte del encanto de la película nace de una regla fundamental: los actores interpretan situaciones completamente ridículas con la máxima seriedad posible, algo que multiplica el efecto cómico.

• Numerosos críticos compararon su espíritu con las producciones más delirantes del videoclub clásico, aunque destacaron que, a diferencia de muchas imitaciones modernas, aquí existe un auténtico amor por la serie B.

• El éxito de culto fue tan grande que acabó generando una secuela, The VelociPastor 2, cuya producción finalizó en 2023 tras una exitosa campaña de financiación colectiva.

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Dónde verla

En Amazon Prime Video, JustWatch y alquilarla o comprarla en Apple TV

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Trailer

Conclusión

The VelociPastor no intenta ser buena, ni profunda, ni coherente; intenta ser memorable desde el absurdo, y lo consigue. Es una película que funciona porque nunca traiciona su propia locura, y en ese compromiso absoluto con lo imposible encuentra su identidad. No es cine para analizar con distancia fría, sino para dejarse llevar por su energía desbordada y aceptar que, a veces, un sacerdote dinosaurio luchando contra ninjas es exactamente lo que el cine no sabía que necesitaba.

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