Pero no un monstruo o algo que parezca un monstruo, ni un borrón que asociar con una entidad extraña, ni una casa encantada, ni una maldición ancestral. Tan solo una imagen borrosa de unas oficinas amarillas aparentemente vacías subida a internet (En concreto en 4chan) en 2019 fue suficiente para provocar una de las leyendas urbanas más fascinantes de la era digital. Millones de personas observaron aquella habitación anodina y sintieron algo difícil de explicar: la inquietante sensación de haber estado allí antes.
Y por si eso fuera poco para alimentar el imaginario colectivo, esta imagen venía acompañada además de un texto que decía:
«Si no tienes cuidado y te sales de la realidad en las áreas equivocadas, terminarás en las backrooms…»
Siete años después, aquella creepypasta nacida en los rincones más extraños de internet ha terminado convertida en una película de A24 dirigida por el mismo adolescente que aterrorizó YouTube con sus cortometrajes. Lo que podría haber acabado siendo una simple explotación comercial de un fenómeno viral se ha transformado en una de las propuestas de terror más comentadas, ambiciosas y extrañas de los últimos años.
Porque a veces el lugar más aterrador imaginable no es una mansión embrujada. Es una oficina vacía de la que nunca podrás salir. Y querrás salir, créeme…
Backrooms
Año: 2026
Director: Kane Parsons
Guión: Will Soodik y Kane Parsons
Producción: Shawn Levy, Oz Perkins, Dan Levine, Dan Cohen, James Wan, Michael Clear, Roberto Patino y Chris Ferguson
Reparto:
– Chiwetel Ejiofor (12 años de esclavitud, Doctor Strange) como Clark
– Renate Reinsve (La peor persona del mundo, Valor sentimental) como la Dra. Mary Kline
– Mark Duplass (Creep, The Morning Show) como Phil
– Lukita Maxwell (Shrinking, Generation) como Kat
– Finn Bennett (True Detective: Night Country) como Bobby
– Avan Jogia (Zombieland: Mata y remata, Victorious) como Naren Warne
– Robert Bobroczky como Pirate Clark
– Krista Kosonen (Blade Runner 2099, Beforeigners) como la madre de Mary
Nivel de Bizarrismo: 💥💥💥💥💥 Obra maestra del bizarrismo
Sinopsis
Clark lleva tiempo sintiendo que su vida se ha quedado atascada.
Su negocio apenas funciona, su matrimonio es historia y las botellas vacías empiezan a acumularse con demasiada frecuencia. Cuando descubre una anomalía escondida tras una pared del sótano de su tienda de muebles, encuentra algo imposible de explicar: una inmensa red de habitaciones, pasillos y espacios que desafían cualquier lógica física.
Lo que comienza como un descubrimiento fascinante pronto se transforma en una obsesión.
Mientras Clark se adentra cada vez más en ese territorio imposible, su terapeuta Mary Kline acabará siguiendo el mismo camino, descubriendo que las Backrooms esconden mucho más que paredes amarillas y luces fluorescentes.
Análisis
Cuando internet dejó de inventar monstruos y empezó a fabricar mitologías
Resulta curioso pensar que una de las películas de terror más comentadas de 2026 tenga su origen en una fotografía aparentemente anodina subida a un foro de internet. No había un asesino en serie. No había una casa encantada. No había demonios, posesiones ni maldiciones ancestrales. Lo único que había era una imagen de una habitación amarillenta con moqueta y luces fluorescentes que parecía extrañamente familiar. Y sin embargo, aquella fotografía logró algo que muchos blockbusters de cien millones de dólares jamás consiguen: quedarse a vivir en la cabeza de la gente.
La historia de Backrooms es también la historia de cómo funciona el folclore en la era digital. Antes las leyendas urbanas nacían alrededor de una hoguera, en la barra de un bar o en el patio del colegio. Hoy nacen en 4chan, Reddit o YouTube. Cambian los escenarios, pero no los mecanismos. Seguimos necesitando historias que expliquen nuestros «https://www.reddit.com/miedos». La diferencia es que los monstruos modernos ya no viven en bosques oscuros ni en castillos abandonados. Viven en oficinas vacías, centros comerciales desiertos, pasillos interminables y espacios donde parece que la humanidad desapareció hace cinco minutos.
Por eso Backrooms conecta de una forma tan poderosa con el público contemporáneo. No está construida sobre el miedo a lo desconocido, sino sobre algo mucho más inquietante: el miedo a reconocer demasiado bien aquello que estamos viendo. Todos hemos estado en lugares parecidos. Todos hemos atravesado pasillos impersonales iluminados por fluorescentes. Todos hemos sentido alguna vez esa extraña incomodidad al encontrarnos completamente solos en un espacio diseñado para estar lleno de gente. La película convierte esa sensación en su principal arma y construye a partir de ella una experiencia profundamente perturbadora.
Lo que hace Kane Parsons no es adaptar una creepypasta. Lo que hace es transformar uno de los grandes mitos digitales de los últimos años en una obra de terror que entiende perfectamente de dónde viene y por qué funciona.
Kane Parsons o cómo llegar a Hollywood sin pedir permiso
Si alguien hubiera contado hace diez años que uno de los grandes nombres del terror moderno surgiría de YouTube, muchos habrían soltado una carcajada. Sin embargo, la industria lleva tiempo cambiando mientras algunos siguen mirando hacia otro lado. Los hermanos Philippou llegaron desde los vídeos virales de RackaRacka. Markiplier ha terminado dirigiendo cine. Y ahora Kane Parsons se convierte en el director más joven de la historia de A24 llevando consigo una mochila cargada de referencias que no proceden únicamente del cine, sino también de internet, de los videojuegos, de la cultura digital y de toda una generación criada entre foros, VHS virtuales y vídeos encontrados.
Lo impresionante no es que Parsons haya conseguido dirigir una película para A24 con poco más de veinte años. Lo impresionante es que no parece una ópera prima insegura ni un proyecto construido alrededor de una moda pasajera. Su puesta en escena transmite una confianza impropia de alguien que acaba de aterrizar en la industria. Hay una comprensión muy precisa de cómo funciona el espacio, de cómo manipular la tensión y, sobre todo, de cómo generar incomodidad sin necesidad de recurrir constantemente a sobresaltos baratos.
Muchos directores jóvenes llegan al largometraje intentando demostrar que son brillantes. Parsons parece más interesado en demostrar que entiende el miedo. Son cosas muy diferentes. Mientras otros llenan la pantalla de movimientos imposibles o montajes frenéticos, él apuesta por la observación, por la paciencia y por la capacidad de dejar que una habitación vacía resulte más inquietante que la mayoría de criaturas digitales que pueblan el cine de terror contemporáneo.
Hay algo de John Carpenter en esa economía narrativa, algo de David Lynch en la manera de transformar espacios cotidianos en pesadillas y, sorprendentemente, incluso ciertos niveles imposibles de Half-Life en la forma de concebir la arquitectura como una amenaza en sí misma.
El verdadero monstruo es la arquitectura
Y OJO porque a partir de aquí podrías comerte algún spoiler por explicar el concepto de la película y que engloba este universo en general.
Pero es que uno de los mayores aciertos de Backrooms consiste en comprender que las criaturas nunca fueron lo más importante del mito original. Durante años, internet se obsesionó con catalogar niveles, entidades y monstruos. Surgieron mapas, enciclopedias, teorías y toneladas de lore que convertían aquel concepto minimalista en algo cada vez más complejo. Paradójicamente, cuanto más se explicaba, menos aterrador resultaba.
La película evita en gran medida esa trampa.
Las entidades existen. Las formas de vida diversas están presentes, por supuesto. Las copias deformadas de seres humanos aparecen constantemente. Pero el verdadero antagonista sigue siendo el espacio.
Los Backrooms no funcionan como una casa encantada tradicional. Tampoco como una dimensión paralela convencional. Funcionan como un error de la realidad. Como un recuerdo mal almacenado. Como una versión defectuosa del mundo que conocemos.
Es imposible no pensar en las escaleras imposibles deEscher, en los pasillos infinitos de El resplandor, en los laberintos mentales de Cube, en los edificios mutantes de Control o incluso en los no-lugares descritos por el antropólogo Marc Augé. Aeropuertos, hoteles, centros comerciales, oficinas… espacios diseñados para el tránsito donde nadie permanece demasiado tiempo y que, precisamente por ello, terminan resultando extrañamente impersonales.
Parsons convierte esa idea en una pesadilla existencial. Cada habitación parece familiar y ajena al mismo tiempo. Cada pasillo promete una salida que nunca llega. Cada puerta conduce a otro espacio igual de absurdo. La película entiende que perderse no siempre significa no saber dónde estás. A veces significa no saber qué es real.
Ansiedad, depresión y el terror de quedarse atrapado dentro de uno mismo ¿Qué nos quieren decir con esta película y su final?
Aquí si que tengo que advertir que se va a hablar claro con spoiler incluído de la película, de manera que si no la has visto, ya sabes lo que debes hacer, y después puedes terminar de leer este análisis para complementar. Tranqui, que no voy a ningúna parte… Mientras no me pierda en una Backroom.
En fin… seguimos.
Bajo toda su estética de horror liminal, Backroomses una película sorprendentemente triste.
Clark podría haber sido el protagonista de un drama independiente sobre el fracaso personal. Es un arquitecto frustrado convertido en dueño de una tienda de muebles que se hunde poco a poco. Vive atrapado en un divorcio que no ha superado, en una carrera que nunca despegó y en una versión idealizada de sí mismo que ya no existe.
Mary tampoco es precisamente un ejemplo de estabilidad emocional. Aunque ejerce como terapeuta, carga con heridas profundas relacionadas con su infancia y con una madre incapaz de distinguir la realidad de sus propios miedos.
La película utiliza a ambos personajes para hablar de algo muy concreto: la tendencia humana a convertir nuestros traumas en habitaciones de las que nunca salimos.
Por eso los Backrooms funcionan tan bien como metáfora. No son simplemente un lugar físico. Son una representación del estancamiento emocional. Un laberinto construido con recuerdos, obsesiones, arrepentimientos y versiones distorsionadas de nosotros mismos.
La diferencia entre Clark y Mary es precisamente la forma en que afrontan ese laberinto. Mientras él termina abrazando sus propias excusas y refugiándose en una realidad donde puede culpar al mundo de todos sus problemas, ella continúa avanzando incluso cuando no entiende lo que está ocurriendo.
El enfrentamiento final entre Clark y su grotesca versión pirata funciona casi como una sesión de terapia convertida en cine de terror. La película sugiere que los monstruos más peligrosos no son los que encontramos en los pasillos. Son los que construimos para justificar nuestros propios fracasos. De ahí que veamos en las diferentes salas una recreación de espaciós del mundo real, pero de forma distorsionada. Es una consecuencia de los recuerdos y la memoria, como un sueño dentro de la mente de quienes quedan atrapados en los Backrooms. Es una especie de prueba psicológica, un laberinto mental dentro de cada individuo, con todos sus recuerdos y debilidades expuestos.
Es por eso que cuando Mary encuentra a Clark, podemos observar la lucha interna que tiene cada uno. Él, que ya se ha perdido tanto física como mentalmente en aquellos espacios amarillos, busca que ella valide la realidad que tiene sobre todo lo que le ha sucedido, su versión, y con ello le de pie para que se perdone y se pueda quitar la responsabilidad por el fracaso de su matrimonio y de todas las malas decisiones que lo llevaron a su situación actual.
Pero claro, Mary se niega a hacerlo. Ella quiere permanecer en la realidad, quiere volver a su vida, a pesar de todo. De manera que ve en Clark un comportamiento victimista, cobarde y ya perdido en su propia locura y autocompasión. De manera que le dice que gran parte de sus problemas son consecuencia de sus propias decisiones.
Eso representa muy bien la lucha interna que vive cada uno a su manera. Al igual que el final de la película cada cual podrá interpretarlo a su manera, que era la intención de Parsons. Pero lo que si queda claro es que es un excelente juego mental para poner a prueba a quienes entran y que los Backrooms absorben una parte de cada persona que entra en ellos (Y de ahí se puede entender mejor el cierre tan inquietante de esta película). Esa es una conclusión a la que han llegado diversos críticos de cine tras haberla visto, y con la que estoy totalmente de acuerdo.
Pero como ha sugerido Parsons, cada cual puede sacar sus propias conclusiones al respecto.
El cine de terror descubre por fin a los espacios liminales
Durante años, las imágenes liminales fueron una obsesión de internet. Miles de fotografías de colegios vacíos, piscinas abandonadas, pasillos interminables y centros comerciales desiertos circularon por redes sociales generando una reacción muy particular. No eran imágenes aterradoras en el sentido tradicional. Eran inquietantes porque parecían recuerdos ajenos que de alguna forma pertenecían a todo el mundo.
Backrooms probablemente sea la primera gran película capaz de capturar esa sensación sin convertirla en un simple decorado.
El amarillo enfermizo de las paredes, la iluminación fluorescente, la ausencia casi total de referencias temporales y la sensación constante de estar recorriendo un lugar que existe fuera de la lógica convierten la película en una experiencia inmersiva muy poco habitual.
Hay momentos donde el espectador deja de preocuparse por la trama y empieza a experimentar algo mucho más interesante: la necesidad de orientarse. La búsqueda constante de una salida. La sensación de que el espacio está manipulando la percepción.
Es un terror profundamente psicológico, pero también profundamente contemporáneo. Porque los Backrooms no dejan de ser una versión física del infinito digital en el que vivimos. Un lugar donde todo parece conectado con todo y donde cada camino conduce a otro pasillo más.
Entre Lynch, Kubrick, SCP y el scroll infinito
Parte de la riqueza de Backrooms reside en la enorme cantidad de influencias que orbitan alrededor de ella sin llegar a devorarla.
Ya se ha mencionado, pero es importante recalcar que se percibe el eco de El resplandor en su arquitectura opresiva. Que hay rastros de Cube en la idea de supervivencia dentro de un espacio imposible. También la burocracia paranoica de Asyncrecuerda por momentos a Control y a los archivos infinitos de la Fundación SCP. Algunas secuencias poseen una lógica de pesadilla que parece heredada directamente de David Lynch. Incluso hay algo de Charlie Kaufman en la manera de convertir la identidad y la memoria en espacios físicos.
Sin embargo, la referencia más interesante probablemente no sea cinematográfica. Es internet.
Toda la película parece construida alrededor de la lógica del scroll infinito. Una sucesión interminable de habitaciones que prometen una respuesta que nunca llega. Un sistema diseñado para seguir avanzando sin alcanzar jamás una conclusión definitiva.
En ese sentido, los Backrooms son posiblemente una de las metáforas más precisas que ha producido el terror moderno para describir la experiencia digital contemporánea. Un espacio inmenso, fascinante, adictivo y profundamente desorientador.
Una película generacional disfrazada de pesadilla amarilla
Detrás de los monstruos, de los portales y de las habitaciones imposibles se esconde una película mucho más generacional de lo que parece.
Parsons pertenece a una generación que ha crecido viendo cómo desaparecían las fronteras entre lo físico y lo digital. Una generación acostumbrada a navegar por espacios virtuales infinitos, a consumir recuerdos ajenos y a construir identidades fragmentadas.
Por eso Backrooms se siente tan conectada con el presente incluso estando ambientada en los años noventa. Habla de aislamiento, de ansiedad, de nostalgia, de fracaso personal, de salud mental y de la necesidad constante de encontrar significado en un mundo cada vez más extraño.
Lo hace sin sermones y sin discursos explícitos. Solo necesita expresarlo mediante habitaciones vacías, muebles deformados y copias defectuosas de seres humanos.
Y quizá ahí reside buena parte de su inteligencia.
Mientras muchas películas intentan explicar sus temas, Backrooms prefiere que el espectador los recorra. Y eso ha sido un gran acierto.
Curiosidades
• Todo comenzó con una publicación anónima en 4chan realizada en mayo de 2019. La imagen original de las Backrooms se convirtió en uno de los ejemplos más famosos de folklore digital moderno.
• Durante años nadie supo de dónde procedía la famosa fotografía. En 2024 un grupo de investigadores de internet logró localizar el lugar exacto: una antigua tienda de muebles llamada Rohner’s, situada en Wisconsin.
• Kane Parsons tenía sólo 16 años cuando publicó The Backrooms (Found Footage) en YouTube. El vídeo acumuló millones de visualizaciones y cambió su vida para siempre.
• Con esta película, Parsons se convirtió en el director más joven en la historia de A24 en encargarse de un largometraje de estas características.
• Antes incluso de cumplir los veinte años ya tenía a estudios de Hollywood compitiendo por los derechos de adaptación de sus vídeos.
• El universo de las Backrooms pertenece a una categoría de terror conocida como espacios liminales, lugares de transición que resultan familiares pero inquietantemente vacíos.
• El concepto de las Backrooms suele relacionarse con lakenopsia, término que describe la extraña melancolía que producen lugares normalmente llenos de vida cuando aparecen completamente abandonados.
• Parte de la comunidad interpreta las Backrooms como una metáfora de la ansiedad, la depresión o el aislamiento moderno. Otros creen que representan internet: un espacio aparentemente infinito donde resulta fácil perderse sin rumbo.
• El diseño de producción combinó enormes decorados físicos con extensiones digitales creadas a partir de técnicas muy similares a las que Parsons utilizaba en sus vídeos caseros.
• Varias secuencias fueron diseñadas para generar deliberadamente desorientación espacial, evitando que el espectador pudiera comprender cómo se conectan realmente los escenarios.
• Con un presupuesto inferior a los 10 millones de dólares, la película acabó convirtiéndose en uno de los mayores éxitos comerciales de A24.
• Su estreno superó numerosos récords para una producción de terror independiente y consolidó a Parsons como uno de los nombres más prometedores del género.
• La empresa ficticia Async Corporation ya aparecía en la serie web original y constituye una de las piezas más importantes del lore creado por Parsons.
• Kane Parsons ya había aclarado que la película formaba parte del canon de este universo junto a los cortos de The Backrooms (Es decir, que no sería una película independiente que se alejara del lore original), y además confirmó pocos días después del estreno que ya existen nuevos proyectos ambientados dentro del universo de Backrooms.
Dónde verla
Por ahora permanece en cines
Trailer
Conclusión
Backrooms podría haber sido una simple adaptación oportunista de una moda de internet. En lugar de eso, Kane Parsons ha convertido una fotografía inquietante y una leyenda digital en una de las propuestas de terror más estimulantes de los últimos años. No todo funciona a la perfección y algunos espectadores echarán de menos una narrativa más convencional, pero pocas películas recientes han sabido capturar tan bien las ansiedades de nuestra época utilizando herramientas tan extrañas. Lo más impresionante no es que un chaval salido de YouTube haya llegado a Hollywood. Lo impresionante es que haya llegado con una película capaz de recordarnos que los monstruos más inquietantes no siempre tienen dientes, garras o tentáculos. A veces tienen moqueta húmeda, luces fluorescentes y un pasillo que parece no terminar nunca.
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