
En 1994 alguien tuvo una idea que, sobre el papel, debía parecerle espectacular: coger a una de las mayores estrellas del baloncesto mundial y convertirla en maestro de kung fu. Ese alguien fue a buscar a Shaquille O’Neal y, en lugar de ponerle a encestar canastas como haría cualquier persona sensata, decidió mandarlo a una…

Aquí no hay gladiadores, ni ninjas, ni luchadores con traumas y motivaciones personales profundas: hay cangrejos. Cangrejos gigantes con armas, físicas caóticas y un único objetivo bastante humillante para el rival: ponerlo patas arriba como si fuera una patata mal girada en una sartén. Y sí, suena tan absurdo como luego se juega.
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